Las periferias frente a la crisis alimentaria

La salud alimentaria constituye uno de los principales desafíos de nuestra Argentina en crisis de acumulacion. En un país capaz de producir alimentos para cientos de millones de personas, millones de familias enfrentan crecientes dificultades para acceder a una alimentación suficiente, saludable y culturalmente adecuada. La alimentación no es solamente una cuestión biológica o nutricional: es una dimensión central del derecho a la salud, de la justicia social y de la posibilidad misma de construir una vida digna. Por eso, cuando el acceso a los alimentos se deteriora, también se deterioran las condiciones de salud, los vínculos comunitarios y las perspectivas de futuro.
En los barrios populares esta realidad adquiere una expresión dramática. La caída del poder adquisitivo, el aumento de los precios de los alimentos, el crecimiento del pluriempleo y el debilitamiento de las políticas públicas han incrementado la inseguridad alimentaria de millones de personas. Mientras más del 56% de los hogares tiene dificultades para cubrir la canasta básica, las organizaciones comunitarias sostienen comedores, merenderos y redes solidarias que garantizan el acceso cotidiano a la alimentación para decenas de miles de familias sin acompañamiento alguno por parte del Estado e incluso perseguidas y estigmatizadas por el mismo.
Las consecuencias no se expresan únicamente en el hambre. También se observan en el reemplazo de alimentos frescos por productos ultraprocesados de bajo valor nutricional, en el descenso del consumo de frutas, verduras, lácteos y carnes, y en el aumento simultáneo de la malnutrición, la obesidad y las enfermedades crónicas asociadas a una alimentación inadecuada. La pobreza alimentaria no es solamente falta de comida; es también pérdida de calidad nutricional y de autonomía para decidir qué comer.
En palabras de Ramón Carrillo: "Los problemas de la medicina como rama del Estado no pueden resolverse si la política sanitaria no está respaldada por una política social". Del mismo modo, Floreal Ferrara afirmaba que "la salud se construye", señalando que la salud es una capacidad colectiva para transformar las condiciones de vida y no simplemente la ausencia de enfermedad.
Desde esta perspectiva, el deterioro alimentario que atraviesa nuestro pueblo no es un fenómeno natural ni inevitable. Es la expresión de un modelo económico que concentra riqueza, mercantiliza derechos y subordina la producción de alimentos a las lógicas de rentabilidad de grandes corporaciones nacionales y transnacionales.